Autora: Verónica Samaniego
El entorno digital, si bien constituye un espacio propicio para el aprendizaje, la socialización y el desarrollo personal, también presenta desafíos estructurales, particularmente para las niñas y las adolescentes. La violencia en línea ha experimentado un preocupante proceso de normalización, favorecido por dinámicas socioculturales que perpetúan la tolerancia o indiferencia ante estas agresiones. En este contexto, niñas y mujeres emergen como los grupos más vulnerables, enfrentando un riesgo diferenciado y sostenido en el ciberespacio, lo que confirma la necesidad de enfoques multidisciplinarios para su prevención y mitigación.
La violencia en el entorno digital:
Este aumento en la conectividad y el acceso a internet ha generado un entorno donde las niñas y las adolescentes son cada vez más vulnerables a diversos delitos cibernéticos, que tienen graves consecuencias psicológicas, sociales y legales, y requieren atención prioritaria de gobiernos, organizaciones y comunidades.
Con relación al acoso en línea hacia las niñas y las adolescentes, se ha convertido en un fenómeno preocupante. Sin embargo, la percepción social y la falta de medidas efectivas han llevado a una “normalización” de este tipo de violencia, lo que agrava sus consecuencias y dificulta la implementación de soluciones.
Proteger a las niñas y las adolescentes en el ciberespacio no solo es una cuestión de ciberseguridad, sino de derechos humanos y equidad de género. Por ello, es fundamental analizar los riesgos específicos que enfrentan, así como las estrategias necesarias para garantizar su protección en el ciberespacio.
Las principales causas de esta situación son la falta de educación digital y la ausencia de formación sobre ciberseguridad y derechos digitales que dejan a las víctimas y sus entornos sin herramientas para identificar, responder a estos delitos y realizar las denuncias ante las autoridades competentes.
Es importante mencionar que muchas plataformas no priorizan la protección de niñas y adolescentes, y las leyes no siempre contemplan la violencia digital como un delito grave.
El referirnos a la percepción de que en el caso del acoso en línea es «solo palabras» ignora su impacto emocional y psicológico, reduciendo la urgencia de tomar medidas. Esta normalización de estos delitos a niñas y adolescentes en línea minimiza sus efectos, considerándolo menos grave que la violencia presencial.
Es de suma relevancia la adopción de una perspectiva de género en las estrategias digitales, que no solo permitirá enfrentar los riesgos actuales, sino también construir un entorno digital más inclusivo, seguro y equitativo para las futuras generaciones.
Veamos los principales riesgos a los que están expuestas las niñas y adolescentes en el ciberespacio:
1. Ciberacoso y violencia de género en línea
El ciberacoso es uno de los principales riesgos en línea y es una forma de violencia contra las mujeres, con un impacto desproporcionado en niñas y adolescentes.
En muchos casos, esta violencia toma formas de género específicas, como los tipos de violencia que detallaremos en este artículo.
Para comprender este fenómeno, es importante entender la concepción de violencia de género:
Según la Convención Belém do Pará, se entiende por violencia contra la mujer lo siguiente:
”…cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado…” Capítulo 1.
Los medios digitales son utilizados en la actualidad para perpetrar violencia hacia las mujeres y niñas. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) expone lo siguiente:
“Violencia de género facilitada por la tecnología: este tipo de violencia digital se perpetra y amplifica mediante el uso de la información y las comunicaciones, las tecnologías o los espacios digitales contra una persona por razón de género”.
Estas acciones de violencia incluyen mensajes intimidatorios, insultos, difusión de rumores y la publicación no consentida de imágenes, contenido íntimo o videos, manipulación psicológica y desigualdad.
2. Grooming
El grooming, o la manipulación de menores por parte de adultos con fines de explotación sexual, afecta de manera alarmante a las niñas y las adolescentes. Estas prácticas suelen desarrollarse en plataformas de redes sociales y videojuegos en línea.
Los métodos utilizados por los perpetradores son a través de las redes sociales, chats en línea y videojuegos; los agresores engañan a las víctimas para obtener fotos íntimas o concertar encuentros.
3. Estereotipos de género y manipulación psicológica
Las niñas y adolescentes también están expuestas a contenidos digitales que refuerzan estereotipos de género, promoviendo expectativas dañinas sobre su apariencia física o comportamiento. Además, los algoritmos en redes sociales pueden priorizar contenido que afecta negativamente su autoestima y salud mental.
4. Brecha de acceso y desigualdad digital
En términos de ciberseguridad, las niñas suelen enfrentarse a barreras para acceder a herramientas y conocimientos tecnológicos. Esto las coloca en una posición más vulnerable a ser víctimas de delitos cibernéticos debido a una menor alfabetización digital.
5. Trata de personas y redes de tráfico ilícito de menores
Las redes de trata de personas utilizan plataformas digitales para captar a sus víctimas, siendo las niñas y las adolescentes sus principales objetivos.
6. Difusión de contenido íntimo sin consentimiento
La publicación de imágenes o videos personales de niñas y adolescentes sin su consentimiento es una forma de violencia digital que busca dañar su reputación y autoestima.
Esto acarrea graves consecuencias para las víctimas, como la marginación social, el bullying escolar y problemas emocionales severos, llegando a cometer autolesiones o suicidio. Un caso reciente que conmocionó a la Argentina es el publicado en el Diario Página 12, sobre Emma, una adolescente de 15 años, que se suicidó luego de que un compañero de 14 años viralizó un vídeo íntimo en el que ambos mantenían relaciones sexuales.
- Pornografía infantil
Este grave delito incluye la producción, distribución y consumo de material de abuso sexual infantil, en el que las niñas y adolescentes son víctimas principales.
Redes internacionales: Utilizan foros encriptados y mercados oscuros para compartir este contenido.
8. Acceso y uso indebido de datos personales
Los ciberdelincuentes pueden hackear perfiles o robar información sensible de niñas y adolescentes para cometer fraudes, suplantación de identidad o chantajes.
¿Cuáles son los factores que propician estos riesgos?
a. La falta de regulación y supervisión
Muchas plataformas no cuentan con mecanismos efectivos para prevenir la violencia en línea ni para proteger a las usuarias menores de edad.
Los controles parentales son un factor indispensable en la supervisión de menores durante el uso de internet; por esta razón, es fundamental capacitar a los padres y brindarles las herramientas necesarias para protegerlas.
El acceso temprano a dispositivos conectados sin orientación adecuada expone a menores a este tipo de riesgos cibernéticos.
b. La normalización de la violencia digital
La percepción de que la violencia en línea es menos grave que la presencial contribuye a su subregistro y a una limitada respuesta institucional, parental y de la sociedad en general.
c. Cultura patriarcal y roles de género
Las normas sociales tradicionales perpetúan la desigualdad en el acceso a la tecnología y el desconocimiento sobre derechos digitales, afectando más a niñas que a niños.
Los estereotipos de género perpetúan la idea de que las mujeres y niñas deben tolerar ciertos comportamientos violentos, lo que dificulta la denuncia.
¿Podemos afirmar que la educación y concientización en la ciberseguridad es una necesidad urgente?
Enfrentar estos riesgos no es tarea fácil; requiere del compromiso de toda la sociedad, de los padres, de la academia y de las autoridades gubernamentales. Es crucial adoptar un enfoque de género en las políticas de ciberseguridad:
1. Educación en ciberseguridad desde edades tempranas
Es esencial capacitar a las niñas y adolescentes en el uso seguro de las tecnologías. Esto incluye la identificación de riesgos, protección de datos personales y uso crítico de redes sociales.
Abordar la educación con enfoque de género y sus derechos digitales, promoviendo en las niñas el conocimiento de sus derechos en línea y la identificación de conductas de acoso.
Capacitar a padres, educadores y comunidades para prevenir, identificar y actuar frente a la violencia digital.
En las Observaciones Generales del Comité de la Convención sobre los Derechos del Niño de la Naciones Unidas se refiere a los Propósitos de la Educación, en su párrafo No 1, lo siguiente:
3. El derecho del niño a la educación no sólo se refiere al acceso a ella (art. 28), sino también a su contenido. Una educación cuyo contenido tenga hondas raíces en los valores que se enumeran en el párrafo 1 del artículo 29 brinda a todo niño una herramienta indispensable para que, con su esfuerzo, logre en el transcurso de su vida una respuesta equilibrada y respetuosa de los derechos humanos a las dificultades que acompañan a un período de cambios fundamentales impulsados por la mundialización, las nuevas tecnologías y los fenómenos conexos.
2. El acceso a plataformas digitales seguras
Las empresas tecnológicas deben implementar medidas que protejan a las usuarias menores de edad, como filtros de contenido, herramientas de denuncias accesibles, monitoreo de contenido y moderación efectiva.
3. Fomentar la participación y empoderamiento tecnológico de niñas y adolescentes
Promover la participación de niñas en disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) contribuye a reducir la brecha de género y empoderarlas frente a riesgos digitales.
4. Fortalecer la legislación y las políticas públicas en cumplimiento con las normas internacionales
El CEDAW expone en su artículo 6, inciso d, que las mujeres tienen:
d) El derecho a la libertad y a la seguridad personales;
Es necesario que los gobiernos fortalezcan y adopten normativas que penalicen la violencia digital desde la perspectiva de género y establezcan protocolos de protección específicos para las niñas y adolescentes.
“Derecho del niño a no ser objeto de ninguna forma de violencia”
Se detalla entre los tipos de violencia, en su Art. 19, párrafo 1. «… toda forma de …»
Texto: 31. Violencia a través de tecnologías de la información y las comunicaciones. Las TIC presentan riesgos para los niños en las siguientes esferas que coinciden parcialmente:
- Los abusos sexuales cometidos contra niños para producir imágenes y grabaciones sonoras de abusos a niños a través de Internet y otras TIC;
- El hecho de tomar, retocar, permitir que se tomen, distribuir, mostrar, poseer o publicitar fotografías o seudofotografías (morphing) y vídeos indecentes de niños, o en los que se haga burla de un niño o una clase de niños;
- La utilización de las TIC por los niños:
- En condición de receptores de información, los niños pueden estar expuestos a publicidad, correo electrónico no deseado, patrocinios, información personal y contenidos agresivos, violentos, de incitación al odio, tendenciosos, racistas, pornográficos, desagradables y/o engañosos que son o pueden ser perjudiciales;
- Los niños que mantienen contactos con otros niños a través de TIC pueden ser objeto de intimidación, hostigamiento o acoso (utilización de métodos para atraer a los niños con fines sexuales) y/o coacción, ser engañados o persuadidos a citarse personalmente con extraños o ser «captados» para hacerlos participar en actividades sexuales y/u obtener de ellos información personal;
5. Realizar campañas de sensibilización y concientización
Las iniciativas educativas y mediáticas deben visibilizar los riesgos en el ciberespacio, fomentando una cultura de respeto y equidad en el entorno digital. Es primordial concientizar a las familias para desnormalizar la violencia a través de iniciativas públicas que visibilicen sus efectos y promuevan el respeto en el ciberespacio.
¿Cuáles son las consecuencias asociadas a la violencia en línea en niñas y adolescentes?
1. Los efectos en la salud mental
Las niñas y las adolescentes pueden presentar síntomas de ansiedad, depresión, disminución de la autoestima, bajo rendimiento escolar, desarrollo de trastornos alimenticios o conductas autolesivas.
2. Impacto en su desarrollo social
Las niñas y las adolescentes podrían presentar cambios en su desarrollo social, miedo a socializar online y offline, desconfianza hacia su entorno cercano y posterior aislamiento.
3. Vulnerabilidad a otros delitos
La exposición sin supervisión muestra vulnerables a las niñas y las adolescentes al tráfico de personas, explotación sexual, uso indebido de su identidad para cometer crímenes (suplantación).
4. Reproducción de la desigualdad de género
Refuerzo de la idea de que las mujeres deben «soportar» el acoso como parte de su experiencia en línea.
5. Pérdida de oportunidades digitales
Renuncia para participar en plataformas educativas o recreativas debido al miedo o al trauma.
¿Cómo accionar ante un caso de delito en el ciberespacio?
1. Denunciar inmediatamente a las autoridades correspondientes o especializadas en delitos cibernéticos.
2. Usar los canales de denuncia de las plataformas digitales involucradas.
3. Buscar apoyo de profesionales en el área y profesionales en salud mental.
4. Brindar atención emocional a nuestras hijas para manejar el impacto.
5. Preservar evidencia guardando capturas de pantalla, mensajes y cualquier prueba del delito para las investigaciones futuras.
6. Fortalecer la red de apoyo, involucrando a familiares, amigos, amigas, entorno educativo y docentes en el proceso de recuperación de la víctima.
Los delitos cibernéticos contra niñas y adolescentes representan una amenaza significativa en la era digital. Combatirlos requiere un enfoque integral que combine educación, legislación, tecnología segura, sensibilización de la sociedad en general y profesionales de salud mental para la atención a víctimas. Garantizar un entorno digital seguro para las menores no solo protege sus derechos, sino que también construye un futuro donde puedan desarrollarse plenamente y sin miedos.
La normalización de estas acciones contra las niñas y adolescentes en línea perpetúa la violencia de género y limita su bienestar y desarrollo. Es fundamental reconocer la gravedad del problema, educar a las comunidades, exigir responsabilidades a las plataformas digitales y los gobiernos, facultando a las fuerzas de seguridad en la capacidad de detección temprana y prevención; son pasos clave para erradicar esta forma de violencia.
Proteger a las menores de edad en el ciberespacio no solo es una obligación ética, sino también un compromiso con la construcción de un entorno digital más equitativo y seguro para todos y todas.
Es imperiosa la necesidad de políticas públicas que aborden la situación y contención a las víctimas, acompañadas de herramientas técnicas e innovación tecnológica para responder en proporcionalidad a la amenaza contra la vida particular de las personas.

El artículo expone con claridad los riesgos que enfrentan niñas y adolescentes en el entorno digital, así como la preocupante tolerancia estructural que aún persiste frente a la violencia contra la niñez y adolescencia en sus múltiples formas y ámbitos donde ocurre, incluido, y cada vez con mayor fuerza o impacto, el espacio digital o mediado por tecnologías. Desde un enfoque de protección integral, como entiendo, plantea la autora, es urgente dejar de ver a la violencia digital como un efecto colateral del uso de las tecnologías y reconocerla como una grave vulneración de derechos; que exige respuestas decididas, intersectoriales y con la participación real de niñas y adolescentes, cuyas voces son clave para construir políticas públicas efectivas con enfoque de derechos y género, y entornos digitales realmente seguros, como merece la infancia y adolescencia.
Me gustaMe gusta