En la semana del 12/Abril, mientras leía una nota que trataba acerca de que “Los datos son el nuevo petróleo” y la poca importancia que le dan muchas personas a las brechas de seguridad, no pude evitar, poner como contrapartida el fuerte avance en temas de privacidad.

  • Entonces, la Unión Europa con la GDPR y las diferentes legislaciones en Latinoamérica sobre protección de datos personales ¿estaban haciendo lo correcto?
  • ¿Realmente no nos importa la exposición de nuestros datos o no nos tomamos el tiempo de comprender lo que implica esa exposición?
  • ¿Nos cubrimos sobre afirmaciones armadas del estilo “no tengo nada que ocultar” o “mi información en redes no es crítica”?

Si esto fuera así, ¿para que los países avanzan en temas de privacidad?

Prefiero ser optimista y pensar que en verdad la mayoría no comprende las implicancias de la filtración de datos. Ya que, con los avances en temas de Big Data e Inteligencia Artificial, a mí en particular, me preocupa que no se trabaje lo suficiente para disminuir las brechas de seguridad que permiten la obtención de información de las personas de manera no autorizada.

En muchos países, la pandemia COVID-19 forzó la aceleración de lo que hoy en día se denomina “transformación digital”. Esto expone más sistemas a ser accedidos a través de Internet. Cada día es mayor la cantidad de información que se encuentra digitalizada y accesible en todos los ámbitos para millones de personas.

Si hacemos el ejercicio de pensar lo que realizamos a diario donde interviene la tecnología, rápidamente podemos mencionar:

  • Compras de todo tipo: ropa, tecnología, viajes, comida, servicios.
  • Pago de impuestos, servicios, compras.
  • Actividades educativas en todos los niveles tanto público como privado.
  • Interacción con los organismos de administración pública para realizar trámites o solicitar turnos.
  • Interacción con el ámbito de salud para obtención de turno, consulta de resultados de estudios y telemedicina.
  • Y la lista sigue…

Toda esa información nos define en una identidad digital que permite interpretar o armar un perfil sobre nosotros:

  • qué comida nos gusta
  • qué género de películas vemos más
  • cuáles son nuestras marcas favoritas de consumo
  • cuál es nuestro estado de salud
  • si somos alérgicos a algo
  • qué lugares nos gusta visitar
  • cómo está conformado nuestro grupo de amistades
  • qué nivel adquisitivo tenemos
  • y más…

Es decir, estamos expuestos a que nos perfilen. Eso significa que pueden determinar cómo poder interactuar con nosotros.

Alguien recordará la película “Minority Report: Sentencia Previa”, donde se mostraba que al estar caminando por un espacio de publicidad de proyecciones 3D, se detectaba quien era la persona y se le ofrece una publicidad personalizada y a medida. Eso se hacía gracias a la identificación por lectura de iris y disponer de un perfil en línea de la persona. Si no se trabaja sobre la privacidad y no valoramos nuestra información, estamos en camino a esa realidad.

¿No tendríamos que poder decidir quién tiene nuestra información y para qué la usan?

¿Ser nosotros conscientes de “para qué” damos nuestra información?

Sin dudas, es atractivo que todas nuestras experiencias se hagan a medida de nuestros gustos y preferencias, pero si aceptamos formar parte de ello. Sería bueno que no sea una imposición el acceso indiscriminado a nuestros datos por parte de empresas, organismos, instituciones, gobiernos, etc.

Del otro lado: que un ciberdelincuente pueda acceder a toda esa información permite realizar estafas a medida, con lo cual nos volvemos más factibles a caer en las trampas y ser víctimas de ciberdelitos o cómplices (si lo que están haciendo es implantar malware para delinquir a través de nuestros dispositivos).

La tecnología llego para quedarse, pero eso no implica que no podamos definir cuál es la mejor manera de implementarla.

Te propongo algo, empecemos a tomar conciencia sobre la importancia de la privacidad de nuestros datos.

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